Todo estaba repartido desde el principio a la jirafa, un corazón de pozo profundo a Ulises el divino, los nudos de su balsa a cada siglo, su propio cuchillo afilado a cada máscara, un solo personaje al agua, no pasar del cuello al vértigo, la inmovilidad si la desea al llanto de Demócrito, la risa …