Una vuelta al mundo por un viaflor…


Durante años Oscar y yo sostuvimos una correspondencia tradicional, es decir, manuscrita, a través de cartas y postales. Las misivas por lo general las escribíamos utilizando el reverso de propagandas comerciales, lo que, además de la escritura, nos permitía enterarnos de eventos, novedades, ofertas y cosas mil, manteniendo casi siempre una estructura que las hacían singulares. En las postales los mensajes fueron escuetos, una oración, una frase, un saludo.

Al cambiar la carta por el e-mail la comunicación dio un giro interesante. Durante varios años la correspondencia no fue guardada –a diferencia de lo que sucedía con las cartas– pues así como se recibían se borraban previa contestación. Fue en el año 2004 cuando tuve la idea de guardar la correspondencia, aunque de momento no hubo la intención de hacer algo específico con ella, fue más bien un deseo de preservar la información como memoria, hacer un archivo al cual se pudiera recurrir en un momento dado, como si fueran de puño y letra…

narra los avatares de su vida a lo largo de cinco años, por lo que mi trabajo fue armar un diario de su ir y venir por el mundo. La correspondencia nunca tuvo una intención literaria por parte del personaje, fueron escritos, utilizando la expresión del susodicho, “al chilazo”, es decir, sin un afán determinado, de ahí su despreocupación en la escritura, con muchas equivocaciones por el apresuramiento, con errores de dedo, signos de acentuación, signos inexistentes debido al uso de teclados no siempre compatibles con el castellano, y un sinnúmero de palabras producto de su imaginario e ingenio…

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