La silla de brazos


Hay lugares del mundo en los que los Dioses viven y uno de ellos es Palenque y, como es un lugar sagrado, difícilmente puedo describir las sensaciones y emociones que produce el estar allí. ¿Son los templos, el magnífico palacio, los inmensos árboles que todo lo cobijan?, ¿o es la selva?, ese rumor húmedo que deambula en la Ciudad Sagrada con sus sonidos de aire, de aves, de monos aulladores. No lo sé, sólo sé que Palenque es el lugar donde los Dioses viven.

Palenque y Stephens son dos nombres inseparables: un explorador estadunidense quien, a mediados del siglo XIX, recorrió regiones de México y América Central y describió las ruinas mayas que aún nos asombran. John Lloyd Stephens, como yo, se interesó especialmente en Palenque y nos legó el tesoro de sus palabras que han resistido a los embates del tiempo, quiso escribir sus memorias de viaje y nos dejó así un emotivo legado que nos lleva a muchas consideraciones. Por sus detalladísimas narraciones me he preguntado: ¿cómo olvidar que unos expedicionarios en los años 1800 llegaron a las ruinas mayas si actualmente no es precisamente fácil hacerlo?, ¿cómo olvidar las enormes dificultades que pasaron?, insectos que se les metían entre carne y uña de los pies y les producían infecciones que les impedían caminar, mosquitos que picaban de día y de noche, serpientes, calor insufrible, selvas vírgenes con todo su encanto y su peligro.

Pero definitivamente, lo que ha quedado en mi memoria para siempre es la historia de “la silla de brazos”, que era un medio de transporte hecho para ser cargado sobre la espalda de un indio (por cierto, en el museo de sitio de Palenque hay una reproducción de ella, en memoria de aquellos expedicionarios). Stephens cuenta que sentía repugnancia ante la sola idea de tener que subirse a esa silla porque nunca había imaginado que un ser humano pudiera ser cargado por otro como si se tratara de transporte en mula o caballo; sin embargo, Stephens un día se sintió enfermo, estaba agotado y las fiebres, la fatiga excesiva y el dolor de cabeza lo hicieron usar la silla. El relato es el de una terrible experiencia que aquí transcribo:

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