Reflexiones en torno a la independencia de la provincia chiapaneca y su integración a México / II


Un ejercicio de democracia

La convocatoria para un plebiscito debe verse como manifestación de esa confianza de que hablamos. La Junta Suprema, restituida en sus funciones gracias al movimiento de Chiapas Libre y a la rectificación de la política del gobierno mexicano, dio a conocer el 24 de marzo de 1824 su decisión de cambiar el procedimiento de consulta para resolver sobre la agregación a uno u otro país. En lugar de votar cada representante de partido -previamente consultado con los dirigentes de su circunscripción-, se aseveraba que habría de acudirse a la consulta habitante por habitante. Se esgrimía como razón el poco interés que había suscitado la primera opción desde que en diciembre la Junta Suprema lanzara la convocatoria correspondiente.

Como ya se sabe, el proceso continuó en esta dirección y la balanza se inclinó en favor de la unión con México. El 12 de septiembre se declaró públicamente el resultado de la votación y el 14 se proclamó solemnemente. No obstante, dos días más tarde se suscitó en la villa de Tuxtla un revuelo con respecto a los últimos acontecimientos. Al parecer, había llegado a los tuxtlecos la noticia de que la votación no se había realizado de manera tan prístina como se esperaba y que había existido manipulación por parte de cuatro “intrigantes”, razón suficiente para esgrimir la nulidad de los resultados. Aun cuando no se mencionaba el nombre de los llamados intrigantes, sin duda se les ubicaba en el grupo de los representantes de partido, pues se decía que si alguna irregularidad había ocurrido, ésta se había verificado entre ellos y no en el grueso de la población.

La exposición de los tuxtlecos dirigía su crítica al hecho de que sólo una pequeña parte de la población podía opinar realmente sobre el asunto. La mayoría de los habitantes estaban sumidos en la ignorancia, y de esta situación sacaron provecho los manipuladores para alterar las actas “a su antojo”. De esta forma, protestaban y enviaban una carta al gobierno en Guatemala, pues consideraban que a éste le correspondía hacer “valer los derechos de las Chiapas ultrajados y violentados por la intriga”. Indicaban la presencia del comisionado enviado por el gobierno mexicano para observar el proceso como indicio de que se había intentado ejercer alguna influencia. También se mencionaba que tropas mexicanas se habían situado en la frontera, como demostración de que se pretendía presionar de alguna manera. Recordaban a la Junta Suprema cuál era su papel, ya que se veía una falta de consistencia en su actuación: “para que se penetre de que aún son más sagrados los intereses de los pueblos de como los ha tratado hasta aquí, que ella es responsable ante Dios y los hombres […]”

Tres semanas más tarde, el 7 de octubre, la protesta era retirada. Propiamente este retiro se basaba en el deseo de preservar la independencia no sólo de Chiapas, sino del resto de las antiguas colonias americanas. 20 Se percibe este sentimiento de solidaridad continental, rasgo digno de resaltarse, frente a cualquier posible agresión proveniente de otros países, y en concreto de España. Se dejaba en claro que no se quería dar la impresión de enfrentamiento y la falta de unidad con disensiones internas. Lo más conveniente era mantener la independencia e impedir cualquier conflicto que pudieran aprovechar las grandes potencias.

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