Reflexiones de un editor chiapaneco


Quienes comenzamos la labor de impresor bajo aquellas modalidades de antaño, comprendemos perfectamente los principios del oficio en cuanto a la combinación de colores, el arreglo visual de los formatos, el uso de los negativos y positivos fotomecánicos, las propiedades del papel, humedad, tersura, satinado, permeabilidad, etc. Pero también recordamos con nostalgia el proceso que debía seguirse para elaborar las planchas de impresión y obtener la separación de colores, metidos en el cuarto oscuro llamado fotolitho.

Aquella infancia marcó mi futuro. El desarrollo de mi vida profesional. Por supuesto que el oficio aprendido en casa, el de impresor, continuó conmigo para siempre pero fue reforzado por los estudios universitarios en Letras Hispánicas, en la Facultad de Filosofía y Letras, de la UNAM, para convertirme en el transcurso de los años en editor. El gusto por la lectura, ese me ha  acompañado cada momento de mi vida.

Me cupo la fortuna de llevar a cabo mi desarrollo, primero como impresor y luego como editor, en mi tierra natal. Lo cual me ha permitido vivir con la satisfacción de llevar a cabo una contribución cultural para mi comunidad.

He sido editor de un periódico diario, de revistas, de libros, que han salido de mis propias prensas de imprenta, con la minuciosa actividad del artesano, y de mis propias manos.

Considero que mi infatigable labor como editor ha comenzado a ser comprendida en mi comunidad y es el sustrato del cual se ha nutrido y le ha dado consistencia a mi actual empresa: editorial entre Tejas.

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